
Dedicarse a la escultura como forma de vida suponía aprender el oficio en toda su complejidad y amplitud de posibilidades. Comencé haciendo retratos, escenografías para teatro y televisión, restauración de obras escultóricas, trabajos para otros escultores, clases en mi propio taller y, poco a poco, fueron llegando los encargos institucionales públicos y privados. Y todo ello fue confluyendo en el desarrollo de una obra personal que acabaría por convertirse en mi actividad principal.











