Voluntad de suerte

La nudité me donne le besoin douloureux d’étreindre.

Georges Bataille

Es la imagen misma del desgarramiento. Cuando la muerte de Dios ha arrastrado consigo la muerte de toda certidumbre, de toda esperanza ¿qué nos cabe imaginar para conjurar el terror profundo del sinsentido? ¿con qué podemos contar para, sabiéndonos solos, querer compartir sin embargo lo imposible?

El ser se estremece en un temblor silencioso, las manos se atan sin ligadura alguna; la desnudez se extrema hasta más allá de la piel y la voluptuosidad de la carne. El éxtasis de la nada. El crujido sordo de los huesos al descubierto, en el más impúdico de los gestos, cuando el placer y el dolor extremos se confunden en una caricia tan íntima que la vida roza la muerte con las puntas de los dedos. Todo en ella se eleva, desafiando el peso de la materia como si de una llama se tratase. Clavículas, costillas, caderas, huesos que pugnan por ver la luz cegadora. Los huesos se unen a la masa de la cual todo surge. Huesos fuertes sin embargo, que soportan el peso de nuestra mirada y el calor ardiente de sus entrañas. Huesos que son al mismo tiempo lo más profundo y lo más elevado, lo más frágil y lo más sólido.

Mejor que ninguna otra, esta escultura expresa la fuerza de lo vulnerable, la contundencia de lo que vibra en nuestro interior, el movimiento violento de la quietud absoluta. Sus pechos y sus muslos descarnados huyen de la gravedad mórbida del canon clásico de la mujer, y sin embargo, su gesto erguido y arrogante expresa vida e irradia energía.

En Volonté de chance la fuerza de lo humano va más allá de la tensión que pudieran expresar unos músculos perfectos. Ella se expone ante nosotros sin ocultar la profunda herida de quien se sabe mortal, sin apartar su mirada, con el valor arrogante de quien nada tiene que perder, con la voluntad de quien se juega todo lo que tiene: su existencia.