Venus sin espejo

Es el paisaje humano, el horizonte sinuoso de nuestra memoria. Paisaje urbano de tejados caóticamente ordenados. Paisaje de campos verdes y ocres de un tiempo más allá del recuerdo y la palabra. Paisaje que hace temblar imperceptiblemente la mirada serena del que camina hacia ninguna parte con rumbo fijo e infatigable. Paisaje suave de atardeceres sin nubes. Contraluz del crepúsculo imaginado.

Para Velázquez ella se mira y observa nuestra mirada; complacida.

Ajena a nuestros recuerdos, tan solo es consciente de nuestro ensueño, de nuestros ojos entornados que ahora ignoran su espejo y se proyectan más allá del paisaje que dibuja el generoso perfil de su cadera eterna. En este horizonte, el allá lejano y el aquí adentro se funden en un instante de trémula inmanencia.