Publicaciones – Mi voluntad de suerte – Libro de Alberto Gómez Ascaso

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La idea de este libro surgió como una suerte de texto complementario a una obra escultórica; una explicación más literaria que filosófica de lo que he querido llamar Voluntad de suerte, utilizando la expresión de Georges Bataille. Lo ideal sería que uno pudiera leer tranquilamente estas páginas después de haber contemplado largamente –y disfrutado– el conjunto escultórico. ¿Pero para qué entonces el libro? ¿Tendré ahora que retractarme de mis propias palabras tantas veces repetidas sobre lo innecesario e inapropiado de explicar las esculturas? Pues un poco tal vez sí, pero no del todo: Hace poco, con motivo de escribir otra introducción –aquella así se llamaba– pensé detenidamente sobre cómo había ido cambiando a lo largo de los años –veinticinco, más o menos– la relación entre mis dos aficiones: escultura y filosofía. Al principio era difícil, parecía que se estorbaran mutuamente. Poco a poco aprendieron a delimitar su terreno y a ignorarse lo mejor posible. Fue tiempo después, a través de mi tesis doctoral, cuando traté de profundizar más en serio en esta difícil relación, aventurándome precisamente en lo que parecía en principio paradójico: una reflexión filosófica sobre la experiencia interior de la creación artística.
Pienso ahora que fue determinante el hecho de haber decidido desde el principio dedicarme profesionalmente a la escultura y no a la enseñanza de la filosofía. De lo contrario tal reflexión filosófica no hubiera sido posible. Al menos hoy así lo creo.[:fr]portada_mi_voluntad_de_suerte-libro_de_alberto_gomez_ascasoweb
La idea de este libro surgió como una suerte de texto complementario a una obra escultórica; una explicación más literaria que filosófica de lo que he querido llamar Voluntad de suerte, utilizando la expresión de Georges Bataille. Lo ideal sería que uno pudiera leer tranquilamente estas páginas después de haber contemplado largamente –y disfrutado– el conjunto escultórico. ¿Pero para qué entonces el libro? ¿Tendré ahora que retractarme de mis propias palabras tantas veces repetidas sobre lo innecesario e inapropiado de explicar las esculturas? Pues un poco tal vez sí, pero no del todo: Hace poco, con motivo de escribir otra introducción –aquella así se llamaba– pensé detenidamente sobre cómo había ido cambiando a lo largo de los años –veinticinco, más o menos– la relación entre mis dos aficiones: escultura y filosofía. Al principio era difícil, parecía que se estorbaran mutuamente. Poco a poco aprendieron a delimitar su terreno y a ignorarse lo mejor posible. Fue tiempo después, a través de mi tesis doctoral, cuando traté de profundizar más en serio en esta difícil relación, aventurándome precisamente en lo que parecía en principio paradójico: una reflexión filosófica sobre la experiencia interior de la creación artística.
Pienso ahora que fue determinante el hecho de haber decidido desde el principio dedicarme profesionalmente a la escultura y no a la enseñanza de la filosofía. De lo contrario tal reflexión filosófica no hubiera sido posible. Al menos hoy así lo creo.[:]