Muchacha bañándose (homenaje a Rembrandt)

La relación íntima entre la mujer y el agua es uno de los temas universales de la iconografía mitológica de todas las épocas: semidiosas que nacen del mar, sirenas que viven en él, damas fantásticas que habitan el interior de profundos lagos, jóvenes fecundadas por la lluvia, o mujeres que mueren ahogadas fatalmente arrastradas por su destino.

En esta imagen que Rembrandt representó en varias ocasiones, tanto en grabado como en pintura, una joven se adentra lenta y complacida en aguas cristalinas para tomar un baño. El vestido la aparta de la naturaleza y subraya su humanidad: su desnudez. Susana levanta su ropa, descubre su cuerpo entregándolo a la caricia del agua y, sin saberlo, a la mirada furtiva de unas sombras que se ocultan en la oscuridad del bosque.

El agua la acoge dulcemente y purifica su piel y su alma, adoptando la forma de un espejo que le devuelve el reflejo de su rostro y su cuerpo semidesnudo. La joven se abandona al placer del tacto fresco y suave del agua sumiéndose en un mundo mágico de sensaciones, sueños y recuerdos. Algo se desvela ante nuestros ojos.

En La experiencia interior Bataille compara el acto mismo de pensar con el gesto de una joven quitándose el vestido. Así Muchacha bañándose, es la imagen del pensar que se desprende de todo refugio de seguridad para adentrarse en las aguas inciertas de la vida, ajena por completo a las miradas infames de quienes se refugian de las estrellas.